De atentados democráticos y crisis taurina

Escribo este artículo a pocos días de que comience la “feria de Quito”, un ritual que se realiza cada año en mi ciudad donde aproximadamente 70 toros son sacrificados a la luz de música, vino y tertulia. Y lo escribo con la indignación propia de un ciudadano que se siente defraudado por el sistema, impotente ante el poder del dinero, pero con la frente bien en alto y las ganas propias de quien lucha por sus convicciones.

La feria de este año está ingratamente marcada por la prepotencia y el atropello a la democracia.

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